sábado, 28 de septiembre de 2013

"Wardrobing una práctica cuestionable"


                Comprarse la ropa, ponérsela y devolverla



En los últimos años la relajación en la política de devoluciones de los principales imperios textiles, impulsada para tratar de generar en potenciales clientes una mayor confianza, ha favorecido la aparición de una peculiar técnica, el wardrobing, un juego que ha dado lugar a pérdidas millonarias debido a la devolución de prendas usadas que ya no se limitan a los típicos vestidos de fiesta. Una libertad que se le ha dado al consumidor y que ahora muchos se plantean restringir.



Algunos establecimientos han comenzado a poner coto a dicha práctica, elaborarando registros o historiales en los que se indican cuántas prendas devuelve la misma persona en determinados periodos y por qué, es el caso de Victoria´s Secret.
Lo cierto es que la mayor parte de comerciantes suelen aceptar reembolsos o cambios dudosos por miedo a perder clientela y a contar con nuevas reclamaciones.
A nivel estadístico, numerosas encuestas reflejan que más del 50% confiesa haber devuelto prendas después de estrenarlas, lo cuál confirma que se trata de una práctica bastante extendida.
Posiblemente la crisis económica sea la principal causa que lleva a muchos consumidores a practicar wardrobing, otra podría ser la fiebre que en los últimos años todos, como sociedad, padecemos y que nos lleva a consumir de forma cuasi compulsiva, aunque un porcentaje elevado de la ropa que nos compramos acabe aparcada en nuestro armario y no llegue siquiera a ser estrenada. 
Este fenómeno favorecido por el efecto blogger y por una máxima que se ha impuesto en los últimos años " ponerse cada día un modelo distinto y dejar constancia de ello" también pueden esgrimirse como posibles causas de este problema. Por otra parte la compra online y posterior devolución por los mismos métodos garantiza un anonimato, que favorece que quienes ejerzan el wardrobing se sientan protegidos y no sientan una pizca de vergüenza.

En definitiva, los comerciantes han de hallar ese difícil equilibrio, el cliente ha de gozar de cierta libertad, se le debe garantizar una buena atención, pero a la vez deben ponerse en marcha fórmulas adecuadas para prevenir el wardrobing.  Y es que no siempre el cliente tiene la razón.